
Nos acostumbramos a nuestras posesiones: lo que una vez nos pareció novedoso y emocionante pronto se convierte en algo normal y corriente.
- Subimos el listón: la adquisición de cosas nuevas lleva a tener expectativas nuevas. En cuanto nos acostumbremos a un objeto nuevo, querremos uno mejor.
- No dejamos de compararnos: las posesiones, por naturaleza, provocan comparaciones. Nos compramos un coche nuevo y nos fascina hasta que un amigo nuestro se compra uno mejor; y, por cierto, siempre va a haber alguien que tenga un objeto mejor que el tuyo.